Odebrecht en México: la bomba de tiempo

Fecha de publicación: 17 de Mayo 2018
Image
Por Gibran Flores Jiménez.

Ciudad de México.- Previo al inicio de las campañas presidenciales en México, fueron apareciendo las pruebas para acusar a los funcionarios que incurrieron en corrupción para otorgar contratos multimillonarios a Odebrecht. Al parecer se habían encontrado nexos claros entre el escándalo de corrupción más grande de Latinoamérica con el gobierno mexicano. Venían, cuando menos, desde la campaña del actual presidente de la república. Lo suficiente para realizar una denuncia formal y solicitar que se iniciara una investigación a cargo de la Procuraduría General de la República.

La multinacional brasileña Odebrecht, en palabras de sus directivos, había entregado sobornos a funcionarios mexicanos de alto nivel. El modus operandi era sencillo: se transfería el dinero desde las cuentas de la empresa y daba algunas vueltas por paraísos fiscales hasta llegar a las arcas de Emilio Lozoya Austin. Al final, terminarían en la campaña del entonces candidato presidencial Enrique Peña Nieto o donde Emilio quisiera.

Nada podía salir mal, salvo que se volvió un escándalo en otros países. Al grado de que cayeron presidentes, funcionarios de gobierno, legisladores y empresarios. Solo México y Venezuela han optado por no enfrentar el problema, incluso el Procurador decidió renunciar “dejando la investigación lista” pero nada ha sucedido.

Justo este fue el tema a tratar en la Universidad Panamericana el pasado 16 de mayo donde la Maestra Sofía Ramírez, en representación de la Asociación Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, compartió con los alumnos la labor realizada por la institución para combatir el cáncer que carcome lentamente el sistema político mexicano.

La Maestra Ramírez platicaba que, bajo una minuciosa labor de investigación, esta organización logró desmenuzar los hechos hasta encontrar los vínculos entre el entonces operador de campaña del presidente Peña Nieto y la multinacional. La misma institución aportó pruebas para casos como el del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte o la estafa maestra.

Asimismo, compartió que en un país donde la corrupción nos preocupa más que el desempleo y la pobreza es increíble que este caso siga impune. Parece que la voluntad política tiene mayor fuerza que la justicia y es que justamente ese es el problema de que el Procurador (próximamente Fiscal) no sea independiente de las órdenes del presidente.

Algunos piensan que la sociedad mexicana se ha caracterizado por acostumbrarse a lo cotidiano de la corrupción. Sin embargo, el tema que comienza a marcar agenda es el hartazgo del pueblo ante la ola de escándalos de este sexenio que giran en torno a la credibilidad del presidente. Parece que no solamente se le acaba el mandato, sino que posiblemente, de ganar la oposición y encontrársele culpable, también se le acabará la libertad.

Solo es cuestión de tiempo para que los responsables paguen sus culpas. Pero eso sucederá únicamente si los mexicanos se disponen a elegir a un gobierno comprometido a hacer lo necesario para lograr una reforma constitucional que permita la figura de un fiscal autónomo o independiente.

Dicha reforma no puede ser considerada moneda de cambio. La democracia mexicana debe crecer y responder a las exigencias de un pueblo temeroso de la violencia y la impunidad. La corrupción verá su ocaso cuando los que deban perseguirla sean objeto de juicio. Cuando incluso el presidente y los intocables puedan caer.