La Incomprendida Misión del Papa Francisco en Cuba

La Visita Apostólica del Papa Francisco entre los días 19 y 22 de septiembre pasado a Cuba, tenía un alto significado político y era un viaje lleno de complejidades, principalmente por tres factores: en primer lugar, por ser Cuba un Estado ateo con un régimen dictatorial que se caracteriza por el alto nivel de control y poco espacio de acción por parte de la Iglesia Católica.

En segundo lugar, la Iglesia en Cuba es una permanente, aunque lenta y por momentos detenida mediadora entre el Gobierno y el pueblo cubano en temas como la liberación de presos políticos y ampliación de los derechos fundamentales de los cubanos. En tercer lugar, por el actual rol de mediador del Papa en las negociaciones entre los Gobiernos de los Estados Unidos y Cuba. Por ello, el viaje se dio en un contexto muy espinoso donde las expectativas de los actores involucrados estaban desfasadas con el margen de acción real de Francisco.

El Santo Pontífice sufrió criticas de quienes esperan más que sea una especie de paladín de la justicia, enfrentando a Raúl Castro con la verdad en vez de que pronuncie palabras apelando a la paz social y al respeto de la dignidad de la personas. Esto, con simples gestos característicos de la diplomacia vaticana. Así mismo, las homilías y discursos pronunciados en La Habana, Holguín y Santiago, fueron en pos de la concordia, la reconciliación nacional, pero haciendo hincapié en los temas que le interesa a la Iglesia misma como el tema del aborto, el ejercicio libre de la religión o de la educación a los hijos por parte de la familia.

 

Los activistas de derechos humanos esperaban que el Papa se comporte como otro activista; aunque del Papa Francisco, que ha roto varias costumbres del protocolo vaticano en pos de la defensa de los pobres, se esperaba que hiciera lo mismo por los que sufren la represión del gobierno dinástico de los Castro. Pero creo que no estaba en posición ni con la libertad para hacerlo.

Prueba de ello fue cuando en el avión, ya camino a los Estados Unidos, le hicieron preguntas sobre la oposición y sobre los detenidos que hubo durante su visita y él reaccionó como incómodo con la pregunta (como quien quisiera, pero no pudiera responder atado a un mandato mayor). Y en este caso, la orden que le impide responder libremente pudiera ser su mismo rol en un proceso de reconciliación y de negociación de temas tan importantes como el fin del embargo por parte de EE.UU. en función que haya elecciones libres en Cuba. Y como toda figura paterna, piensa y toma decisiones en función del bien mayor aunque los hijos no entiendan razones.

 

Es difícil afirmar que con una actitud confrontacional hubiera logrado más resultados en beneficio de la población cubana que con una actitud conciliatoria. A este argumento, se le contrapone además la visión moralista de que visitar y negociar con un dictador es un hecho impúdico. En el caso de Raúl Castro, se veía como inevitable no encontrarse como anfitrión, pero la visita a Fidel, que no se encontraba en la agenda oficial, se vio cuestionada en el paralelo que el Papa no solo no se ha encontrado con los miembros de la sociedad civil y de la oposición cubana, sino que tampoco salió en su defensa al ser detenidos y reprimidos por los agentes de seguridad del Estado.

Quizás por ser un Papa latinoamericano, o por ser un Papa reconocido como defensor de los desprotegidos, existían mayores expectativas de Francisco, en desmedro de la visita de su antecesor Benedicto XVI en el año 2012.

Muchos deseaban que el Papa Francisco interceda por los derechos humanos y no abandone a los perseguidos, a los presos políticos, a los que sufren la represión. Que de alguna manera dijera que no sirve de nada liberar a más de 3 mil quinientos reclusos por razones humanitarias si las leyes injustas que los llevaron a la cárcel siguen estando vigentes, como es el caso de aquellos jóvenes presos por querer escapar de la isla en balsa hacia las costas norteamericanas. Se esperaba que pida que liberen a Danilo “El Sexto” Maldonado, joven artista detenido luego del anuncio de reinicio de las conversaciones entre EE.UU. y Cuba, caso paradigmático de nuevos presos políticos luego de la liberación de presos políticos en diciembre por el resultado de las negociaciones.

Nada de esto sucedió, no al menos públicamente. Para quienes conocen a Jorge Bergoglio y para quienes tienen fe en la figura justa del Papa, no se puede afirmar que no haya cumplido su misión de interceder por los que sufren las violaciones de sus derechos por parte del Gobierno Cubano, pero tampoco se puede afirmar lo contrario. Es cuestión de esperar y ver los resultados.

Mientras tanto, su visita fue un aliento en el camino para los fieles de la iglesia cubana, quienes se sintieron acompañados por el Papa cuando recordó las palabras de San Juan Pablo II en su visita a la isla. Después de 17 años, reiteró el pedido de que Cuba se abra al mundo y este se abra a la isla.